26 mayo 2017

Feria del libro. Poesía




25 mayo 2017

Feria del libro. Narrativa




24 mayo 2017

Feria del libro. Ensayo




23 mayo 2017

Feria del libro. Regalo




22 mayo 2017

Especial Feria del libro

Desde hoy y durante esta semana, un especial dedicado a la Feria del Libro de Madrid en la revista Encuentros de lecturas, recogerá en cuatro entregas las recomendaciones para Regalo, Ensayo, Narrativa y Poesía.

21 mayo 2017

Rulfo fotógrafo







Es la portada y dos de las espléndidas fotografías de un volumen espectacular: El fotógrafo Juan Rulfo, que publican la Fundación Juan Rulfo y la Editorial RM con motivo del centenario del autor de Pedro Páramo.
Decenas de fotografías que Juan Rulfo -el mejor fotógrafo de América Latina, según Susan Sontag- hizo durante décadas.
El lector que observe estas fotografías recordará inevitablemente el mundo literario de  Pedro Páramo, de El Llano en llamas o de El gallo de oro, los tres títulos rulfianos y de su obra narrativa, en la que la mirada tiene una importancia fundamental.
Pero, como señala Jorge Zepeda en uno de los ensayos que acompañan este libro, hay que deslindar la faceta del Rulfo escritor y la del fotógrafo, porque su obra gráfica no es un simple complemento de su obra literaria.
La fotografía, a la que dedicó muchas horas, no fue en Rulfo una actividad artística secundaria ni un ejercicio subordinado a su literatura, como se puede ver en la parte central del libro, que contiene una gran cantidad de imágenes muy distintas.
Hay paisajes ásperos y secarrales desiertos, ruinas y calles abandonadas, pero también escenas urbanas, arquitectura prehispánica y colonial, ferrocarriles, fotografías de rodajes de películas y de actores como Pedro Armendáriz o María Félix. 

20 mayo 2017

Joseph Campbell. Las máscaras de Dios


19 mayo 2017

Manuel López Azorín reseña Principio de incertidumbre



Con su permiso y mi agradecimiento por su generosa y lúcida lectura, dejo aquí la reseña que publicaba ayer  el poeta y crítico Manuel López Azorín de mi Principio de incertidumbre:

Recibo el último libro de Santos Domínguez Ramos: Principio de incertidumbre. (XIV Premio Nacional de Poesía “Ciega de Manzanares” 2015. Huerga y Fierro Editores, 2016), libro que me envía Silvia Cebrián Sánchez, Concejala de Cultura  del Ayuntamiento de Manzanares.
Santos Domínguez (Cáceres, 1955) no para de recibir premios. La publicación de Principio de incertidumbre en 2016 hizo que coincidiera también con la concesión del XXXVI Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez por El viento sobre el agua (libro que no he leido pero seguro que vendrá cargado de simbologia, de imágenes, de ritmo, de memoria y de tiempo), de este poeta que es, entre otras muchas cosas, miembro de la Asociación de Críticos Literarios de España.
En Principio de incertidumbre nos muestra Santos Domínguez Ramos (“desde el territorio inseguro que se evoca en el título como el ámbito propio de la creación poética”), la  duda, lo relativo de las cosas, de las acciones, la inseguridad de las certezas cuando aquellos que se sienten seguros en esta vida, en este ser y este tiempo, cuando firmes separan lo cierto de lo falso…solo están creando más incertidumbre, más inseguridad porque con ello montan ese cadalso donde todo fanático aniquila todos los posibles caminos y crea pánico y más inseguridad, más incertidumbre, más duda:

“Señor de las tormentas, líbranos de los muertos
pasados y futuros, y del buitre que ensaya
círculos melancólicos y espejismos de espanto
para explorar su espacio espectral en el mundo.”

La duda, como espada de Damocles siempre, acuchillando la posible certeza, hiriendo la sensación de seguridad, de confianza, atenazando la posible certidumbre para crear inseguridad, duda, la enigmática duda, la que nos hace sentir un cierto desasosiego ya que sabemos que los valores absolutos no existen y por tanto todo es relativo, nos crea esa inquietud que siempre se presenta frente a la página en blanco, cuando se pretende manifestar a través de la poesía conocimiento, propio y ajeno, personal y universal, cuando se va a la “búsqueda del sentido, como exploración de la memoria”, esa memoria nuestra tan selectiva siempre, tan de colocarle velos al recuerdo, tan de transfigurarlo a la medida con ligeros o grandes matices diferenciales. Ay de quien no dude!
El ser y el tiempo nos llega preservado en esa memoria que, siempre lo digo, es la materia de los sueños que acomoda nuestro ser a un tiempo más onírico que de certidumbre, dando paso a otro ser y otro tiempo y para todo esto se indaga en el ser, se indaga en el tiempo, en el paisaje, en el arte, a través de la palabra, del verbo y sus conjugaciones, porque la poesía es siempre palabra viva, lenguaje y se hace “ con una práctica poética en la que se conjugan la imagen y el ritmo, la palabra y la música ”. 
Sabemos que: La verdad (es) relativa. (que) no hay valor absoluto en la certeza, (y)  tampoco en la mentira, (que)  todo empieza / y acaba con la duda.
Santos Domínguez Ramos lo sabe y como es poeta (“una de las voces más personales y reconocibles de la poesía española actual”), se sirve del lenguaje, un lenguaje pleno de cadencia, de musicalidad, con simbólicas, oníricas, a veces surrealistas, imágenes repletas de sentido secreto, de lirismo y de grito para decirnos que: “Así en la tierra dura como en la mar sombría, / líbranos de este mundo, señor de las ventiscas. / De este mundo que ahora y en la hora de la bruma / es menos comprensible, más opaco, más mudo.”
Un poeta puro, con poesía de pensamiento y referencias culturales, un poeta de compromiso que ofrece su testimonio, el del tiempo que le toca vivir, cargado de realidad con imaginación y belleza.

"En la noche polar la luz verde del norte
baila en el cielo y se oye
cómo susurra el tiempo espacial en la aurora.

Porque la aurora silba en la luz que se escucha
y arde la piel del cielo
con llamaradas frías de tiempo y vaticinios
que vienen de años luz, de los vientos solares
y de un terror antiguo en las noches antárticas
de miedos boreales y de indicios secretos."

Unas Luces que bailan por el cielo del Norte mientras otro cielo, el del Sur (o del oeste), clama: “Tú que incendias los campos con tu último destello, / déjanos este tiempo /en la luz vacilante de los amaneceres / que suben de la niebla y cantan desde el sueño, / en las torres sin viento y en las banderas lentas de la noche.”
La labor poética de Santos Domínguez Ramos  fue definida como de “Exactitud y misterio” por Félix Grande Precisa y hermosa definición; pero no menos hermosas fueron las palabras que le dedicó la poeta Francisca Aguirre (mi queridísima Paca Aguirre), cuando escribió: “Este poeta español contemporáneo nuestro, Santos Domínguez, es un hombre que entrega una pasión extrema a la escritura poética, que se da por entero, se desnuda y piensa, como todos los poetas verdaderos, a través de la polisemia del lenguaje mismo, modulándolo en música.”
Luego el lector interpreta, intuye, hace suyo lo escrito, participa y escucha la música, el canto, el llanto, el dolor del hombre, del poeta, en  la modulación de sus versos.  
Y a través de esa modulación musical uno se adentra en el poema no ya con el propósito de entender solo, sino el de interpretar, el de intuir todo lo que nos sugiere (la poesía dice más de lo que dice el poeta, me decía Pepe Hierro a menudo y es que “la palabra ( y esto lo decía mi siempre recordado Claudio Rodríguez: "va excavando un cauce que puede, a veces, llegar hasta el oráculo del sueño.”
Creo que Santos Domínguez Ramos  es un gran poeta, un buscador de palabras que, al tiempo que nos ofrecen su cadencia musical, alumbran, ofrecen la certeza de una realidad envuelta en el misterio de las palabras y sus significaciones. Y es que como ya escribió este poeta: “La  lengua es la que mira”, es la palabra,  la que nos sugiere, la que nos muestra: 

“Eras el que robaba el fuego transparente,
el que cantaba en sueños con sílabas oscuras
(…)
Como quien lleva a cuestas un saco de cenizas,
de sombras congeladas al borde de una herida
y las deja esparcidas en un recinto oscuro
de sangre impetuosa que no corre
del corazón al centro sigiloso del tiempo,"
 De Principio de incertidumbre
                                   
                                                        Manuel López Azorín


18 mayo 2017

En la Feria del Libro de Sevilla



Mañana viernes a las siete estaré firmando ejemplares de El viento sobre el agua en la Feria del Libro de Sevilla.

17 mayo 2017

Asedios a lo indecible, en La Civiltà Cattolica






Nelson Galtero, El secuestro


Un protagonista –Martín- en una situación límite, sometido a un secuestro absurdo y amable, pero a un secuestro que dura cerca de un año. Un personaje en medio de una habitación en unas circunstancias kafkianas entre las que por no faltar no falta ni un agrimensor que mide cosas más abarcables que el terreno que rodea el castillo al que intentaba llegar K.
Pero no se engañen: el que se pone el reto de afrontar esa situación límite, porque quiere y porque puede resolverla, es el autor, Nelson Galtero.
Y lo hace - lo verá quien lo lea- con solvencia y desenfado, porque a partir de ese planteamiento lleno de acechos todo en El secuestro es un brillante ejercicio de virtuosismo narrativo, una demostración de sentido del ritmo en un relato sostenido con un excepcional talento narrativo y con una admirable capacidad para manejar el diálogo, el papel del narrador y ese difícil estilo indirecto libre que deja al descubierto las limitaciones del mal novelista.
No es el caso de Nelson Galtero, un escritor en las antípodas de quienes conciben la creación literaria como una variante prestigiosa del sufrimiento vulgar. Resuena detrás de cada una de estas páginas el eco divertido de la risa inteligente de su autor.
Y esa diversión, ese ejercicio gozoso de la literatura se lo traspasa al lector en cada uno de los párrafos de esta novela corta, en la que se exploran con rigurosa seriedad creativa los límites de la ficción y la realidad.
Páginas en las que la literatura y el gusto de narrar se manifiestan en estado puro. Gozosamente puro. Ningún libro mejor que este para inaugurar una colección en la editorial Seurat, que tiene por delante un recorrido tan prometedor como el que le espera al narrador admirable y epifánico que es Nelson Galtero, que –como su protagonista- “en algún momento entendió que una frase era un conjuro: uno se descuidaba, sobrecargaba una idea con una sílaba, y lo que pretendía ser una lluvia de fuego infernal terminaba siendo una meada triste en un bar.”




Este es el texto que escribí para la contraportada de El secuestro, una estupenda novela corta de Nelson Galtero que llega estos días a las mesas de novedades publicada por Seurat Ediciones

16 mayo 2017

Centenario de Juan Rulfo





Hoy, 16 de mayo de 2017, se cumplen cien años del nacimiento de Juan Rulfo.

Para celebrar su centenario, la Editorial RM con el apoyo de la Fundación Juan Rulfo publica tres novedades especialmente destacables: un estuche conmemorativo del centenario con Pedro Páramo, El Llano en llamas y El gallo de oro y otros relatos; El fotógrafo Juan Rulfo, un libro excepcional con la extraordinaria obra gráfica de Juan Rulfo, y la segunda edición de la que seguramente es la mejor biografia del escritor: Noticias sobre Juan Rulfo, de Alberto Vital, que llevaba tiempo agotada. Esta nueva edición actualizada se enriquece con la aportación de estudios recientes que han permitido incorporar nuevos datos y reflexiones que iluminan la vida y la obra de Rulfo. Imprescindibles.

15 mayo 2017

Las almas muertas


14 mayo 2017

Francisco Ayala. Una conversación literaria


13 mayo 2017

Lutgardo García. La llave misteriosa



Y qué negros carbones lleva dentro este cante, 
y cuántos velatorios de niños asfixiados 
por la mordaza gris que aprieta en los mercurios, 
cuántos trozos de pan con sopas de miseria, 
y papeles de cartas perdidas, sin retorno, 
sumergidas palabras en el pecho del mar, 
cuántas noches en vela, cuántas toses de enfermos, 
platos que no alimentan y mantas que no cubren ...
Cada ay en descenso de esta triste canción 
es igual a una azada que se clava en el tiempo.
Pues no hay más que verdad en la tragedia eterna 
de este hombre que solo, con su voz rota dentro 
del vientre de ballena que es la noche del mundo, 
clama, como Jonás, clemencia al Dios sin nombre.

Con su ritmo solemne, con su temple de fragua y con el hondo compás de la buena poesía, ese poema que Lutgardo García dedica al Marrurro, siguiriyero jerezano del XIX, podría tomarse como cifra de La llave misteriosa, un espléndido conjunto de poemas sobre el mundo del flamenco que publica Renacimiento en su emblemática colección Calle del aire.
En estas páginas de intensa cadencia y fulgurantes imágenes, Manuel Torre, que tenía tronco de faraón, como decía Lorca, y murió en la miseria, da la clave del cante:
Buscad tras los olivos, procede de una fragua, 
lleva un fuego sagrado prendiéndole los labios.
Y abrasados por ese fuego sagrado, Silverio Franconetti en un cuarto de cabales; Joaquín el de la Paula templando su irrepetible siguiriya indigente en una cueva del castillo del Águila en Alcalá; Antonio Mairena: “su cante fue, y sigue siendo, una misteriosa llave que abriera los oxidados portones de cantes que permanecían en un hermetismo de siglos”; don Antonio Chacón, “sereno pontífice del cante”; la voz amarilla de Juanito Mojama; el cojo Pavón, profundo y retraído y agazapado en sí mismo; la bulería paya de Vallejo, “una torre almohade o un patio luminoso”; Juan Talega y su garganta de mineral oscuro; la evocación de la sombra de Lorca un 19 de agosto y de Caracol en otro agosto: el de la explosión de Cádiz, el de Islero en Linares; Enrique el Mellizo, que aprendía melismas en los cantos litúrgicos de la catedral de Cádiz; el cante de carbón ardiente de Agujetas o el compás caletero de Chano Lobato.
Desde Triana, una de las capitales del cante, Lutgardo García ha escrito este libro porque sabe que “la verdad sólo existe en la pureza”, que la memoria de la tribu la sostiene una dignidad analfabeta que sube desde el fondo de la cueva en las volutas barrocas de la zambra, en el mal bajío de la petenera siniestra, en el yunque pausado del martinete, en la queja oscura de la siguiriya o en la hondura de pozo insondable de la soleá.
Y era todo muy triste y muy sublime 

12 mayo 2017

Razón de ser de José Luis Tejada


11 mayo 2017

Poeta en Nueva York ilustrado



Es la portada y dos de la ilustraciones de Fernando Vicente para la espectacular edición ilustrada de Poeta en Nueva York que publica Reino de Cordelia 

Nueve meses en Manhattan (1929-1930) es el subtítulo de este volumen que se abre con una introducción en la que Luis Alberto de Cuenca destaca que “Poeta en Nueva York es, tal vez, la obra más poderosa de la poesía española del siglo XX, la más comprometida con su tiempo, la más rica en metáforas y en matices estilísticos.”
Pero por una lamentable paradoja, Poeta en Nueva York es a la vez la obra mayor de García Lorca y el libro que tiene la historia textual más complicada de la literatura española contemporánea.
Escrito entre 1929 y 1930 durante el viaje de Lorca a Nueva York y Cuba, el poeta lo dio a conocer parcialmente en recitales y conferencias, se refirió a él en muchas entrevistas, lo corrigió insistentemente durante seis años, le cambió el título y pensó llamarlo –luego lo descartaría- Introducción a la muerte por sugerencia de Neruda, exageró sobre su tamaño y prometió trescientos poemas, desvinculó parte del material para integrarlo en otro proyecto que quería titular Tierra y luna, cambió la disposición de los textos, modificó el título de algunos poemas, dudó hasta última hora sobre su estructura y sobre los textos que incorporaría Poeta en Nueva York...
Aunque poco importa al lector que haya dos secciones más o menos, que los poemas figuren en una o en otra, o que no haya secciones. Lo fundamental es que algunos de los textos de Poeta en Nueva York –El rey de Harlem, Norma y paraíso de los negros, Paisaje de la multitud que vomita, Poema doble del lago Eden, New York (Oficina y denuncia), Luna y panorama de los insectos, Grito hacia Roma, Oda a Walt Whitman, Pequeño vals vienés o Son de negros en Cuba- forman parte imprescindible de la poesía universal del siglo XX.
Además de las ilustraciones, esta edición tiene la particularidad de que, junto con los poemas, reproduce, más como contrapunto que como notas aclaratorias, las cartas que Lorca enviaba a su familia. Lo explican así los editores, María Robledano y Jesús Egido en su texto ‘El otro Lorca’: 
“Sabemos con bastante aproximación qué hacía García Lorca mientras componía casi todos los versos de Poeta en Nueva York, momentos de su vida privada, generalmente bucólicos y frívolos, que poco tienen que ver con la rotunda intensidad del poemario, surgido de los rincones más oscuros y secretos del ánimo. El propósito de esta edición, Poeta en Nueva York  Nueve meses en Manhattan (1929-1930) es mostrar esa doble realidad.” 
En las cartas a su familia, el poeta elude el reflejo de su problemática situación personal y sentimental, entre junio de 1929 y marzo de 1930. En ese contraste entre la alegría que quiere transmitir en las cartas y el tono trágico de los poemas inciden las ilustraciones de Fernando Vicente, que ha sabido captar el espíritu del libro, esa escisión trágica entre el poeta y sus máscaras, con el telón de fondo de la gran ciudad y sus claroscuros de color y blanco y negro, de civilización y muerte.

10 mayo 2017

Pablo de Águila, poeta póstumo



Si alguna vez me siento

o simplemente fumo un cigarrillo o leo a Jenofonte o el periódico

y escucho luego música

volteando la cabeza para evitar que el humo me penetre en los ojos

y así lograr que el humo no me venga a los ojos

y de este modo hacer como que lloro gracias al humo denso

         que me vino a los ojos.

Asi. Cuando me quedo volteando la cabeza

para saber de dónde ya no vendrán los tiros

o para ver si puedo impedir los tiros, me matan mas personas

porque es el caso que ya no tengo amigos de tantos como matan.


Asi comienza uno de los Poemas de Madrid, de Pablo del Águila (Granada, 1946-1968).
Fechado el 12 de septiembre de 1967, forma parte de la edición de la Poesía reunida (1964-1968) que publica Bartleby Editores con el título De soledad, amor, silencio y muerte, con edición y estudio de Jairo García Jaramillo
Poeta póstumo, en el momento de su muerte prematura no había publicado nada, pero en su escritura se perfilaba una tendencia muy alejada del preciosismo esteticista de los novísimos y se prefiguraba la poesía de la otra sentimentalidad granadina de los años ochenta.
La poesía que estaba escribiendo en los meses previos a su muerte había encontrado sus referentes rehumanizados en los Poemas humanos de César Vallejo y en Blanco spirituals, de Félix Grande.



09 mayo 2017

Galdós en Cátedra Avrea


08 mayo 2017

El laberinto mágico en Cuadernos del Vigía





Con una cuidadísima edición revisada de Campo cerrado, de Max Aub, de la que se han ocupado Carmen Córdoba y Miguel Ángel Arcas, Cuadernos del Vigía inicia la recuperación de El laberinto mágico, el ciclo novelístico más ambicioso y representativo de los que se escribieron en el exilio sobre la guerra civil española.
Tras la emblemática edición, inencontrable ya, de sus seis volúmenes en Alfaguara a finales de los años setenta, uno de los acontecimientos editoriales de la transición, la figura de Max Aub fue víctima de la desmemoria que evocó con amargura en La gallina ciega, el diario de un regreso esporádico a España desde su exilio mexicano.
Su literatura entró en un injusto olvido, en un purgatorio del que viene a rescatarla este admirable proyecto que se inicia con Campo cerrado (1943), la primera de las seis novelas del ciclo.
Encabezada con una introducción de Antonio Muñoz Molina y precedida del prólogo que Aub publicó en la primera edición mexicana de 1943 con interesantes observaciones sobre el proyecto del ciclo incipiente -que en principio iba a tener cinco novelas-, sobre las circunstancias en las que surgió, es la primera muestra de un proyecto editorial que prevé la edición de dos volúmenes por año. 
A Campo cerrado le seguirán los cinco tomos restantes: Campo de sangre (1945), Campo abierto (1951), Campo del Moro (1963), Campo francés (1965) y Campo de los almendros (1968).
Cada uno de ellos irá prologado por reconocidos especialistas en la obra de Aub como José Antonio Pérez Bowie, Carmen Valcárcel o Gerard Malgat, o por novelistas como Almudena Grandes.


07 mayo 2017

William Carlos Williams. Poesía reunida