24 febrero 2017

Parecidos razonables


La Isla de Siltolá, 2014              Tusquets, 2017



                
                

23 febrero 2017

Precoz


22 febrero 2017

Antología esencial de Ada Salas


21 febrero 2017

Elena Garro. Reencuentro de personajes


20 febrero 2017

Vindicación del arte en la era del artificio


19 febrero 2017

En el SIEL de Casablanca






Desde Casablanca me envía el poeta Mario Lourtau estas fotografías del expositor del Instituto Cervantes en el Salón Internacional de la Edición y el Libro de Casablanca. No es mal sitio ese, tan mítico, tan al sur del sur, para mi Reloj de sombra. 
Muy honrado en formar parte de la representación de España en el SIELMuchas gracias, Mario, por la información y por las fotografías.




18 febrero 2017

En Aquarellen Literatura


En el número de febrero de la revista chilena Aquarellen que dirigen María José Mattus y Jesús de Castro, cinco poemas de mis dos últimos libros. Agradecido por la invitación.

17 febrero 2017

En La Arcadia onubense





Pinchando en el enlace o en la imagen se puede escuchar la entrevista que me hicieron este verano Rafael Núñez y Alejandro Vázquez Bellido para Uniradio, Radio Universitaria de Huelva. 
Se emitió el lunes pasado y puede descargarse también aquí:
http://www.ivoox.com/arcadia-onubense-26-1617-13-02-2017-audios-mp3_rf_17032530_1.htm

16 febrero 2017

Corazón tan blanco. Edición conmemorativa


"No he querido saber, pero he sabido..."
Así comienza Corazón tan blanco, la novela de Javier Marías que cumple ahora un cuarto de siglo y que toma su título de una intervención de Lady Macbeth ("Mis manos son de tu color, pero me avergüenzo de llevar un corazón tan blanco") en un momento crucial de la tragedia de Shakespeare que es su modelo y que explica en gran parte sus claves.
El suicidio y la imagen imborrable de una toalla azul que se empapa de sangre y gotea sobre el borde de la bañera, el secreto y la elipsis, las secuelas del pasado, el silencio y la sospecha, la memoria y la pérdida, el miedo y la soledad, la represión y la familia son algunas de esas claves temáticas.
Como en otras novelas de Javier Marías, en esta, una de sus creaciones más acabadas, también está el secreto cifrado de la mecánica de los comportamientos. Pero Corazón tan blanco no revela esas claves: es el inolvidable relato de su búsqueda, una novela inquietante por la que no pasa el tiempo y de la que Alfaguara publica ahora una edición conmemorativa de estos veinticinco años de existencia desde su publicación en 1992.
Un estuche que llega hoy a las librerías y que contiene, además de la novela, el volumen No he querido saber, que resume la historia editorial de este clásico contemporáneo y reproduce páginas mecanoscritas como esta:

Ese volumen conmemorativo reproduce, además de seis textos en los que Javier Marías reflexiona sobre esta novela, algunas reseñas que reflejan la recepción del libro por la crítica en España y en el extranjero —incluida la transcripción completa del programa de televisión alemán del prestigioso crítico Marcel Reich-Ranicki, que dio lugar al enorme éxito que tuvo la novela en ese país—, entrevistas, artículos de especialistas en la obra de Marías y la carta inédita que Juan Benet le envió desde Australia con sus impresiones de lectura de Corazón tan blanco.
“La doy a conocer no sin muchas vacilaciones, no sin mala conciencia –escribe Javier Marías en el prólogo que ha escrito para esta edición-. Hay elogio en sus letras, y eso es lo que más me ha hecho dudar. Pero también le pone pegas a la novela (muy propias de él, por cierto), así que éstas, tal vez, compensen la parte de elogio. Benet era en todo caso un lector perspicacísimo, extraordinario. Han pasado veinticuatro años desde su muerte en enero de 1993, y yo ya no soy el que recibió con inquietud y emoción aquella carta de las antípodas. Si no me confundo, fue la última que me escribió. Yo le contesté, seguro, pero si conservo copia de mi respuesta no estoy dispuesto a buscarla. Corazón tan blanco fue la última de mis novelas que él leyó, que él conoció.”


15 febrero 2017

El monarca de las sombras


Se llamaba Manuel Mena y murió a los diecinueve años en la batalla del Ebro. Fue el 21 de septiembre de 1938, hacia el final de la guerra civil, en un pueblo catalán llamado Bot. Era un franquista entusiasta, o por lo menos un entusiasta falangista, o por lo menos lo fue al principio de la guerra: en esa época se alistó en la 3.ª Bandera de Falange de Cáceres, y al año siguiente, recién obtenido el grado de alférez provisional, lo destinaron al Primer Tabor de Tiradores de Ifni, una unidad de choque perteneciente al cuerpo de Regulares. Doce meses más tarde murió en combate, y durante años fue el héroe oficial de mi familia.
Era tío paterno de mi madre, que desde niño me ha contado innumerables veces su historia, o más bien su historia y su leyenda, de tal manera que antes de ser escritor yo pensaba que alguna vez tendría que escribir un libro sobre él.

Así abre Javier Cercas su última novela, El monarca de las sombras, que toma su título del episodio homérico en el que Ulises baja a los infiernos y se encuentra con Aquiles, reducido a una condición de monarca de las sombras que él cambiaría por la suerte del último de los vivos, aunque fuera para servir a un esclavo.
Definida por el propio autor como la obra que cierra el círculo que se abrió hace quince años con Soldados de Salamina, llega mañana a las librerías, editada por Literatura Random House.

Dos presentaciones






Las dos esta tarde, en la Casa del Libro.
Una en Madrid, en Gran Vía, a las siete.
La otra en Sevilla, en la calle Velázquez, a las siete y media.

14 febrero 2017

Los sauces


13 febrero 2017

El viento sobre el agua, en Mundo crítico



En Mundo crítico, Alberto Gómez Vaquero firma esta reseña de El viento sobre el agua, en la que da cuenta de su lúcida lectura del libro. Queda aquí, con mi agradecimiento:

"El viento sobre el agua, último poemario de Santos Domínguez, y premiado con el XXXVI Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez, puede servir muy bien de puerta de entrada a la poesía del autor extremeño, al mismo tiempo que supone una de las cimas de esa poesía.
Como en otros poemarios de Santos Domínguez, la naturaleza, el paisaje, juega en esta obra un papel primordial. Es el suyo un paisaje machadiano, en el sentido de que la naturaleza aquí tratada existe per se, fuera de la voluntad del poeta. En ese sentido, no es, como exigía Rousseau, un paisaje del alma. Santos Domínguez no le niega la objetividad a la naturaleza, su existencia autónoma. Sin embargo, frente al paisaje autónomo está el poeta autónomo y único: que lo observa y reacciona a él con emoción y que se lo apropia para volver a mirarlo o más bien re-mirarlo cargado ya de subjetividad.
No es Santos Domínguez, entonces, un poeta que se limite a describir el paisaje. Es más, estrictamente hablando, no creo que haya en todo este libro ni una sola descripción impersonal. En primer lugar, porque el poeta, siguiendo a Machado, no niega la emoción que surge de lo natural —Toda la imaginería / que no ha brotado del río / barata bisutería— y segundo porque no rehúye de lo que el propio Machado, más simbolista de lo que se suele creer, llamaba imaginería.
Y si hay en Santos Domínguez una actitud platónica, de preferir el original natural a la copia —pero no siempre: ahí están los poemas inspirados en pinturas— hay también una actitud cabalística o gnóstica que reconoce que la palabra tiene, o puede tener si se es un buen poeta, una enorme potencia simbólica y gnoseológica.
De manera que la naturaleza en la poesía de Santos Domínguez, y sobre todo en este libro, sin ser negada en su objetividad, es devuelta al lector, tras un proceso alquímico, como una fabricación personal, subjetiva y de gran carga simbólica. Y aquí los referentes, además de Machado, podrían ser Lorca, Yeats y Rilke, entre muchos otros.
Así, y sin salirnos de los márgenes del título, el viento sobre el agua tiene el significado literal y natural que a nadie escapa, pero tiene también un sentido más profundo que en el primer poema remite a autores como Blanchot y Celan en esa idea de indecibilidad que acompaña a la existencia. El viento que se desliza tranquilo sobre el agua es la imagen de la calma después de una pequeña tormenta invisible, que se desarrolla en los espacios inasequibles para la lógica.
Estamos, pues, ante un poemario donde con apariencia de naturalismo, Santos Domínguez construye, en realidad, un poemario enormemente simbolista, donde metáfora e imagen son fundamentales en tanto que puertas hacia un nuevo conocimiento. Pues como decía Kathleen Raine en Utilidad de la belleza: «El lenguaje de la analogía presupone y establece a un tiempo relaciones entre los diferentes órdenes de lo real, una orientación hacia una fuente y su centro. Lo metafísico queda así implícito en las formas mismas del discurso de lo simbólico».
Es decir: tampoco el símbolo o la metáfora son meros tropos, adornos del lenguaje, bisutería barata, sino vehículos para alcanzar a ver, y a comunicar, unas parcelas de lo real de las que no se pueden tener vislumbres con las herramientas propias del positivismo y de la lógica.
Lo que no es óbice para que el lenguaje simbólico de Santos se levante sobre un gran conocimiento de la técnica y el ritmo —qué importante y qué olvidado está el ritmo en la poesía actual—propios de lo lírico. Por ejemplo:

Palacios de cristal que construye el recuerdo
con música de agua que susurra en su huida
un tránsito invisible de pájaros y hogueras

o estos dos versos tan lorquianos:

De la tarde caían
cuchillos de abandono en los pozos del vértigo

Que nos movemos dentro del territorio simbólico de un poeta, lo deja también claro el uso obsesivo de algunas palabras y dicotomías, ya muy presentes en obras anteriores de Santos Dominguez y que aquí continúan ayudándole a explicar sus visiones poéticas. Son palabras como viento, raíz, el binomio oscuridad/luz y sus variantes (sombra, hoguera…), la tarde (que parece ser la hora propicia para la meditación poética del autor) y en este caso, sobre todo, el agua. Un agua que actúa como caudal de la memoria, como espejo indescifrable del tiempo, y que aparece como río o como lluvia, como nube o como lago para convertirse en el símbolo maestro de este poemario.
Más allá del paisaje hay, desde luego, espacio para la reflexión sobre el arte (pintura y música, fundamentalmente) y también para la reflexión sobre el propio quehacer poético (una de las temáticas centrales de la poesía contemporánea):

Bajo el fulgor del plomo la noche submarina
es más noche: es el mudo recinto del poema.

Como en Brodsky, Premio Nobel por su labor poética, pero del que nosotros rescatamos sobre todo su labor de ensayista, no hay en Santos Domínguez una renuncia a la palabra voluntariamente poética ni un sometimiento a lo que el autor ruso llamaba el lenguaje de la calle.
Y no puede haberlo porque renunciar al símbolo, a la metáfora, a la imagen, a la asociación de ideas y limitarse, como mucho, a la rima de palabras neutras supondría admitir que la poesía no nos ofrece un camino de conocimiento. Que la naturaleza, rural o urbana, es como la observamos: objetiva y sin misterio. Que no hay razón, por tanto, para hurgar debajo de la cáscara de lo aparente en busca de un poco de discernimiento relampagueante.
Santos Domínguez no puede renunciar a eso porque es un poeta y porque sabe que

opacos, imprecisos
bajo la luz herida del agua sin memoria
los días submarinos laten lentos, oscuros, 
en la vida insondable de otra luz más profunda."

12 febrero 2017

Tomba a Paestum



Esta es la espléndida traducción que nos regala  Marcela Filippi de mi Tumba en Paestum en Letras. Muchas gracias, una vez más.

Santos Domínguez Ramos, poeta, Professore di letteratura spagnola e critico letterario, nella presente poesia, si è ispirato all’immagine del nuotatore sospeso nel tuffo, che copriva una tomba del secolo V a.C. di Paestum. La ricca, elaborata e precisa forma del testo, ci guida e ci immerge nell'arte funeraria della Magna Grecia che rivive in questi bellissimi versi:

Come il tempo, l'aria
apre nella sabbia a volte solchi indecifrabili.

Vibra lontano la sera e in un angolo buio
si spegne muto il tempo, ma arde la memoria
e la luce galleggia dunque come il nuotatore,
senza peso e senza minuti

Come ultimo profeta di un tempo che è già morto
nella materia oscura di un cuore senza fondo,
il nuotatore sublime si sospende nel suo salto,
e galleggia nel vuoto, nella sua eterna caduta.

Cade dritto nella sua tomba, nelle acque che vanno
nel regno dei morti
apre il profondo spazio
della sera senza fine, della notte senza fondo.

E rimane immobile nell'aria intermedia
dalla vita alla morte fermate dalle onde,
nell'aria circolare senza tempo che trascorre
da una terra di nessuno a una tomba senza nome.

E' il giorno senza dimensione, il paesaggio senza echi
che galleggia avvolto nella nebbia,
contro la lenta schiena della sera.

E cade sulla sabbia
il martello instancabile della pioggia.

En Cuadernos del Matemático






TUMBA EN PAESTUM

un límite infinito que no alcanza el centro en su quietud.
Mallarmé

Igual que el tiempo, el aire 
abre en la arena a veces surcos indescifrables.

Vibra lejos la tarde y en un rincón oscuro 
se apaga mudo el tiempo, pero arde la memoria
y la luz flota entonces igual que el nadador, 
sin peso y sin minutos.

Como último profeta de un tiempo que ya ha muerto
en la materia oscura de un corazón sin fondo, 
el nadador sublime se detiene en su salto
y flota en el vacío, en su eterna caída.

Cae derecho a su tumba, a las aguas que van 
al reino de los muertos,
abre el profundo espacio 
de la tarde sin fin, de la noche sin fondo.

Y permanece inmóvil en el aire intermedio
de la vida a la muerte parada de las olas, 
en el aire sin tiempo circular que transcurre 
de una tierra de nadie a una tumba sin nombre.

Es el día sin tamaño, el paisaje sin ecos 
que flota envuelto en niebla,
contra la espalda lenta de la tarde.

Y cae sobre la arena 
el martillo incansable de la lluvia.

Ese texto, inspirado en la imagen del nadador detenido en su zambullida que cubría una tumba del siglo V a.C. en Paestum, es uno de los cinco poemas que firmo en el número 55 de Cuadernos del Matemático. Lo dejo aquí con mi agradecimiento a Matías Muñoz Borja, que me invitó a participar en esa prestigiosa publicación.

11 febrero 2017

Grandes hitos de la historia de la novela euroamericana


10 febrero 2017

La luz, Charles Simic




La verdad es que tienes un trabajo 
más bien extraño, explorador galáctico. 
Te vi temprano esta mañana 
ponerte de rodillas junto a mi cama 
para tomar un par de mis viejos zapatos 
y decirles cómo salir de la oscuridad.

Ese poema, La luz, es uno de los que forman parte de El lunático, el libro más reciente de Charles Simic, que acaba de publicar Vaso Roto en edición bilingüe con traducción de Jordi Doce.

09 febrero 2017

Una conversación literaria




Se presenta esta tarde a las siete y media, en la Galería Fernández-Braso (c/ Villanueva, 30. Madrid).

Antonio Gamoneda. La prisión transparente


08 febrero 2017

La cocina mexicana de Socorro y Fernando del Paso


Porque a la Noche Triste siguió, tras la victoria de Otumba y la llegada de refuerzos desde La Habana, el triunfo total de Cortés, y con él despuntó un día que duró cuatro siglos: en todo ese largo tiempo y hasta que, en 1901, Cuba se transformó prácticamente en un protectorado norteamericano en el reino de España jamás se puso el sol.
Durante esos cuatro siglos —en realidad tres en lo que a México concierne: 1521-1821— se fraguó uno de los mestizajes más fecundos de la historia cuyos frutos mayores, entre los más suculentos y deliciosos, se dieron en el campo de las artesanías, el folclor y el arte culinario —también, y a largo plazo, en la arquitectura y las artes plásticas—. Pero en ninguna parte el resultado fue tan rápido, sorprendente y definitivo como en la cocina: a diferencia de los peregrinos del Mayflower, colonizadores del norte de los Estados Unidos que llegaron con esposas, hijas y hermanas que les hacían la comida y que trasplantaron la cocina europea a América, los españoles llegaron solos, sin mujeres. Por necesidad, se aparearon con las indias. Luego se casaron con ellas. Después, aprendieron a amarlas. Por necesidad, también, comieron lo que ellas les guisaban. Luego, se acostumbraron a la comida. Después, aprendieron también a amarla, y fue así como los criollos de la Nueva España en algo sí que muy pronto dejaron de ser españoles: en la forma de comer.
Desde luego, el verdadero y profundo mestizaje culinario comenzó cuando, muy pronto también, les tocó a los indios descubrir a su vez los prodigios y monstruos benévolos que llegaron en los barcos españoles: el trigo, el arroz, las lentejas, la naranja solar, la lechuga de holanes verdes, la zanahoria, la coliflor con sus sesos al aire, la caña de azúcar y docenas más de plantas y frutas comestibles así como, entre los animales, la vaca de grandes tetas, la gallina que ponía huevos con yemas de oro, el borrego, el puerco mucho menos puerco y mucho más precioso de lo que su nombre parecía indicar y, aparte del fabuloso caballo, en último caso también comestible, otras numerosas bestias que nunca se hubieran subido al Arca de Noé si al Creador se le ocurre que Noé naciera en América.

Así termina El día que duró cuatro siglos, el espléndido prefacio que Fernando del Paso ha escrito para presentar la edición conmemorativa de La cocina mexicana de Socorro y Fernando del Paso, un libro que publica el Fondo de Cultura Económica con 150 recetas de Socorro Gordillo del Paso y comentarios eruditos e ilustraciones de su marido, Fernando del Paso.

Disponible ya en México, llegará a España próximamente.

07 febrero 2017

Olalla Castro Hernández. Los sonidos del barro




Se presenta esta tarde en Sevilla, en la Casa de la Memoria de la Calle Cuna.
La reseña que se publica hoy en Encuentros de Lecturas se puede leer pinchando en la portada eel libro

06 febrero 2017

Hierofanías de Alfredo Rodríguez



Si el poeta conquista la pureza
conquistará el descanso
y después todas las cosas
ya serán solo una con el Tao.
La fuerza de eliminación del cuerpo
y la luz de luces, la Luz del alma,
conservan su dharma cósmico visible,
el Yo que es anterior al nacimiento.
Al poder trascender sus dualidades
entrará en el silencio,
el deseo de integrarse en el Todo.

Es uno de los poemas que Alfredo Rodríguez ha reunido en Hierofanías, que publica Chamán Ediciones. 

Un libro que continúa el camino abierto por Alquimia ha de ser y que representa un cambio decisivo en su trayectoria poética, un “tránsito hacia la luz”, como lo define Javier Asiáin en el prólogo en el que presenta estos “poemas equilibrados con un núcleo de energía dentro”.

Los poemas de Hierofanías son invocaciones a lo sagrado, reflejos de un re-conocimiento de la propia identidad en la poesía renacida a nueva luz de estos versos.

Un vuelo hacia lo hondo, hacia la esencia del ser, que eleva la poesía de Alfredo Rodríguez hasta la levedad de lo profundo, hasta un espacio espiritual en el que la palabra poética se convierte en ejercricio ascético, en forma de conocimiento de sí mismo y de su lugar en el mundo.

Poesía sostenida en una mirada visionaria y transformadora que se proyecta en un viaje interior al fondo del poeta, a la esencia pura de la poesía y a su poder de convocatoria de lo sagrado, a la revelación de la luz por medio de la palabra iluminadora:

Su lectura nos ilustra secretos,
la lengua oscura de los alquimistas
que empujaban el carro de la Noche,
la conciencia del mundo.
No teme ni la vejez ni la muerte,
todo lo devora y es puro, sin envejecer.
Porque abandona todos los valores,
hálito y pensamiento, imago mundi,
el fuego serpentino de la tierra.
No desciende y no asciende y permanece inmóvil
y se convierte al Espíritu en lámpara.

Poesía vertical, ascendente, en la que el poeta no sólo toma conciencia de sí mismo, sino que da un paso decisivo en su particular camino de perfección personal y literaria.



05 febrero 2017

El carnaval de las coplas


Ahora que ya ha entrado febrero con sus sesiones preliminares en el Falla, Izana Editores publica El carnaval de las coplas, un arte de Cádiz, de María Luisa Páramo.
Un voluminoso y ameno estudio que es el resultado de su tesis doctoral en Ciencias de la Información y que sitúa estas coplas en el contexto festivo del carnaval gaditano con sus peculiaridades inimitables en el terreno lingüístico, marcado por el carácter atlántico y portuario de la ciudad, y en el ámbito musical, vinculado a los cantes de ida y vuelta.
Sus páginas ofrecen un recorrido pormenonizado por su evolución histórica y sus escenarios: el Gran Teatro Falla para el concurso oficial de agrupaciones carnavalescas y el ámbito urbano para el lunes de carnaval y el carrusel de coros en la plaza de la Libertad o para las callejeras, las llamadas ilegales, porque “en el seno del Carnaval de Cádiz se produce una manifestación festiva que posee la entidad de género artístico literario y escénico, generalmente con base musical, diversificada en dos variantes, la oficial o de concurso y la callejera o ilegal. Es el carnaval de las coplas.”
Desde la chirigota a la comparsa, desde el coro al cuarteto, El carnaval de las coplas ofrece una descripción de las agrupaciones y sus tipos, de los tipos de coplas –tangos, cuplés y pasodobles-, de su temática burlesca o crítica, de sus recursos humorísticos y paródicos.
Junto con la descripción por las peculiaridades del habla de Cádiz y de la transmisión de las coplas, están recogidas en este análisis las claves culturales y artísticas del carnaval pautado y oficial del concurso y de las manifestaciones espontáneas de las callejeras.
Y a lo largo de todo el libro, a través de casi cuatrocientas coplas, una mirada a los nombres que, desde la época de los duros antiguos o el tren botijo, han dado su forma actual a este subgénero teatral en todas sus variantes: desde El tío de la tiza, Paco Alba, Cañamaque o Fletilla hasta Selu y Yuyu, pasando por Juan Carlos Aragón y Antonio Martínez Ares, los hermanos Carapapa y Julio Pardo, Ángel Subiela y Manolín Gálvez, Enrique Villegas y Antonio Martín, Antonio Rivas o Faly Pastrana y Nandi Migueles o Quico Zamora.
Porque estos días vuelven por el Puente Canal los poetas del taratachín y el tanguillo que huele a febrero. Tanguillo que viene y va como las olas de La Caleta. A su ritmo se bambolean las barquillas en las pleamares.