30 septiembre 2016

Stefan George. Poesía completa


29 septiembre 2016

Estación Poesía 8



Se presenta esta tarde a las siete el número 8 de la revista Estación Poesía, que edita el CICUS (Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla) y dirige Antonio Rivero Taravillo con la voluntad de recoger textos “de poetas que, pertenecientes a generaciones distintas y estéticas diversas, tienen como denominador común la excelencia.”

En ese número,  que contiene “colaboraciones de algunos de los nombres más consolidados del panorama español e hispanoamericano así como de voces nuevas, en una doble apuesta por la calidad y la variedad”, y cuyo contenido íntegro puede leerse en este enlacepublico este poema:

LOS GUARDIANES DEL HIELO

Soy el guardián del hielo 
José Watanabe

Desde los altos muros de la tarde 
las máscaras del tiempo ya no te reconocen,
ni el mar intransitivo ni el paisaje insumiso
ni el ave sin memoria entre un silencio y otro.

Entre el arma y la herida, entre el pie y la pisada, 
vigilan con antorchas los lagos solitarios 
de los reyes del bosque. 
Son guardianes del hielo.

Guardan en la memoria la piedra de la lluvia 
y en cráteras secretas, el viento del otoño
que aviva el fuego y da cenizas a la tarde.

En el roble sagrado, el fulgor de la savia 
y la luna fecunda que crece en las cosechas 
fermentan los melismas quebrados del paisaje.

Viene una luz sin dueño, una luz que desciende 
lentamente al silencio, 
a un último rumor de copos o cenizas
o repite su imagen 
en los espejos grises de los lagos.

Se despeña esa luz por la boca de un pozo
al filo de la noche, al agua sin camino,
con números enteros, con la vaga nostalgia 
que deposita el día sobre la arena.

Flota sobre el recuerdo, sin nombre ya y sin tiempo,
un sueño de cristal, 
la mansedumbre ciega de la noche 
y esta luz que no pesa
y se posa en las sílabas blancas de las ausencias.

En la llama que tiembla 
contra un terror vacío de cuevas y catástrofes,
aterido yo mismo ante el espanto ahora 
busco un lugar sereno, una lección de calma.

28 septiembre 2016

La colmena, edición conmemorativa



Para celebrar el centenario del nacimiento de Camilo José Cela, la Real Academia Española, la Asociación de Academias de la Lengua Española y la editorial Alfaguara publican simultáneamente en España y América una edición conmemorativa de La colmena que se presenta esta mañana en rueda de prensa en la sede de la Academia Española de la Lengua.

Este volumen está destinado a ser la edición canónica de referencia de La colmena, porque, además de varios estudios preliminares sobre la novela, cuyo texto fijó el autor como definitivo en el prólogo general de su Obra Completa en 1962, incluye en apéndice fragmentos inéditos censurados y autocensurados del manuscrito de 1946.

Es esa, sin duda, la novedad más destacable de esta edición conmemorativa: la inclusión de ese apéndice -«La colmena inédita. Transcripción fragmentaria del manuscrito de La colmena. Caminos inciertos (BNE, RES/287)- en el que Adolfo Sotelo Vázquez y Noemí Montetes estudian el «manuscrito desconocido, fragmentario e incompleto, que Cela había prestado al hispanista Noël Salomon y que su hija legó, a comienzos de 2014, a la Biblioteca Nacional de España»

Están en ese manuscrito los pasajes que Cela eliminó de la novela en su edición de 1951 en Buenos Aires, donde la censura peronista también usó la tijera, y que no restituyó nunca.


27 septiembre 2016

Los últimos días de Adelaida García Morales


26 septiembre 2016

La Rocina y las últimas aguas libres de Doñana




Cuando vais hacia el Sur, desde las lomas de Las Cinco Algaidas, el camino de la derecha sortea arroyos que en otros tiempos cubrió el lentisco en impenetrable monte, desbrozado por boyeros de andar errante y fugitivo. Junto a los antiguos abrevaderos de ganado, no más de cinco leguas de distancia, desembocan, tributarios de La Rocina, un sinfín de zubias que alimentan, desde el puente de las Ortigas, a la maleza reinante del Acebrón, las balsas líquidas que nutren los ejarbes del invierno. Venajes de aguadas limpian la espesura de los sotos, salpicadas por carrascas salvajes del matorral, que abre torrentes otoñales, haciendo en el estío remansos frescos que invitan alemas de sueños perdidos entre cañaverales, rociados por las luces de los mitos. 

Así comienza De un crepúsculo a otro, primero de los seis textos con los que Antonio Ramírez Almanza evoca el arroyo de La Rocina y las últimas aguas libres de Doñana.

Un paisaje marismeño cuyas aguas dormidas centran la mirada del poeta: 
La brisa de la tarde y el aleteo tenue de las ramas de los árboles confirman que el mar existe. Hasta ahora, una condición de espejo oculto por las ramas nos hacía dudar de su destino. El tiempo es irreal, casi percibido, y acontece que los ríos también ocultan las sustancias líticas, la arena, el sílice, la turba, el fósil inmóvil, el salagón arrastrado por las lluvias interminables de las edades, algún aerolito pulido de rocío que los bancales enterrados cuidan recordándole un ritual perdido por las umbrías de las cañadas. 

Evocación de las aguas ilimitadas que manaron en la sombra telúrica del subsuelo antes del sueño de la primera gota del primer torrente: 
¿Dónde estaban los constructores de Ríos, los ingenieros de Lagunas los edificadores de Esteros, los fabricantes de Torrentes, los alarifes de Regajos, el zahorí de los Manantiales? 
¿Dónde los arquitectos de las Formas, el dueño de los Perfiles, el poseedor de la Luz, el amante de las Aves, el dominador de la Materia? 
¿Dónde estaban los dioses de las Aguas cuando el hálito de la Vida pronunció su primer quejido? ¿Acaso, sin memoria, dudaban de que las aguas, ilimitadas, infinitas, incausadas, recorren, inquietas en sus últimas hebras, la piel de La Rocina? ¿Esperaron al Tiempo? 

Y desde sus fuentes primeras, de las que emanaron las cosas, los dioses, el viaje hacia el mar, porque volver al mar es siempre un retorno de inconmensurables deseos y ansias de inmensidad insatisfecha. Volver al mar es, para la comprensión de lo infinito~azul, la puerta de lo desconocido, que se descubre por los vientos dominantes o las brisas tenues, que alejan el horizonte más allá de lo más lejano; el reencuentro de lo que vibra por la fragancia de los sentidos y la levedad de los movimientos; la longitud de las olas convertidas en arritmias humanas: vibraciones celestes sin calendario lunar de rosas de vientos. 

Con la limpia transparencia de una prosa que surge de los manantiales de la memoria, una bellísima plaquette ilustrada por Pedro Rodríguez.

25 septiembre 2016

El color del poema


Aún se está creando el color del poema,
de la flor del almendro, de los nítidos gozos
con que escribir el fruto de la vida.

Pero las hojas caen, y los gritos del viento
desnudan la palabra de quien no se transforma
en callado designio, en pacífica albura,
en su calma dorada con soles matutinos,
cuando apenas el tiempo comienza a ser un pájaro.

Pero las noches llegan a vigilias de barro,
los insomnes se inmolan con un rayo de luna,
mientras quema el paisaje su cielo primitivo.

Aún se está creando el rumor del arroyo,
del vuelo de las aves, de cada despedida
al final de unas manos, el color del poema.

Es uno de los textos de Galería de insomnes, el libro con el que María Sanz obtuvo el 40è Premi Vila de Martorell en 2015.  

Publicado por Hiperión, en esta Galería de insomnes la ironía se impone al desengaño y la rebeldía se convierte en forma de resistencia ante el mundo, en signo de identidad y de afirmación de lo vivido.


Con hielo y con distancia cura aquí sus heridas quien sabe que sus poemas / son el reverso de sus cicatrices.

24 septiembre 2016

Por la calle del aire


 



En la calle del aire la bajamar del tiempo
  desemboca en el túnel ingrávido del sueño.

Hace unos meses, en febrero o marzo, el equipo de Boa Mistura me explicaba un proyecto que estaba dando sus primeros pasos y me pedía autorización para llevar a cabo una intervención artística con los versos que cierran mi poema Por la calle del aire, integrado luego en Las sílabas del tiempo, un libro que obtuvo el Premio Barcarola.

Un poema escrito en el verano de 2006 con el tono, el ritmo y la estructura de una canción para que Pablo Guerrero abriera con ella su disco Luz de Tierra, que se publicó casi a la vez que el libro del que forma parte el texto.

Esos dos versos que cerraban el texto sirven hoy para abrir no sólo el ciclo de instalaciones Laberintos Líricos que lleva a cabo Boa Mistura en las Ciudades Patrimonio. Abrirán también el poema colectivo que se irá construyendo en todo este proceso con dos versos de cada autor, de cada ciudad. Hay por cierto en este proyecto otros dos versos, los correspondientes a Úbeda, de otra canción, una de Sabina, Ruido.

Hay varias ciudades que tienen una calle del aire: la más famosa está en Sevilla, porque en ella vivió Luis Cernuda, pero hay otra en Cádiz, otra en Granada, otra en Zamora...

Hoy también Cáceres, aunque sólo por unos días, de la mano de Boa Mistura, tiene su peculiar calle del aire en una nueva demostración de que a veces la vida imita a la poesía

23 septiembre 2016

Inauguración de Laberintos líricos



Hoy se inaugura en Cáceres la instalación Laberintos líricos en las Ciudades Patrimonio de la Humanidad. Quince prismas que ha elaborado Boa Mistura con los dos últimos versos de mi poema Por la calle del aire: 

por la calle del aire la bajamar del tiempo 
desemboca en el túnel ingrávido del sueño.

Esos dos versos, que cerraban ese poema hecho canción por Pablo Guerrero para abrir su disco Luz de tierra, servirán ahora de arranque del poema colectivo con el que culminará este proyecto en 2017, completado con otros versos de Diego Jesús Jiménez, Eduardo García o Joaquín Sabina.
El acto de inauguración, hoy viernes, día 23, a las once de la mañana, en el Foro de los Balbos.

22 septiembre 2016

Los últimos días de Adelaida García Morales


Una mujer se presenta en el despacho de la concejala. Es un cuarto desabrido, con tres ceniceros sobre una repisa de obra y varias estanterías atiborradas de cartapacios y libros cuyo tema es el propio municipio, hoy convertido en una ciudad dormitorio. Hay desde publicaciones del cronista local hasta un volumen de leyendas comarcales, pasando por un poemario infantil de una maestra jubilada que cuenta cómo los Reyes Magos llegan al pueblo para alegrar el árbol de Navidad de los hogares humildes.
La mujer que tiene ahora delante parece una pobre. No va sucia, pero algo en ella luce largamente descuidado, como la fachada de un edificio cuya pintura se deja caer. Se adivina que los moradores de esa finca aún tratan de convertir su interior en un hogar, aunque también puede colegirse, por el temblor de las luces que vierten las ventanas, que alguno se mete en la cama sin calefacción y sin cena.
A la concejala, en su mesa sobria y pintada muchas veces del mismo color marrón (las capas de pintura desprendida trazan discretas gargantas en cuyos pliegues va acumulándose el polvo), le abruman las pilas de papeles colocadas a su izquierda y derecha. Se lleva una mano a la frente antes de dirigirse a esa señora de aspecto descompuesto.
—¿Qué desea?
—Soy Adelaida García Morales.

Son los primeros párrafos de Los últimos días de Adelaida García Morales, la novela que Elvira Navarro publica en Literatura Random House.

Llega a las librerías hoy, 22 de septiembre, cuando se cumplen exactamente dos años de la muerte en Dos Hermanas de la autora de El Sur.

21 septiembre 2016

Tarde del equinoccio



Cuando el atardecer proyecta su reloj
de sombra por la arena
con lámparas votivas y con fuentes volcánicas,
el mar cincela y lame su lenta estatuaria
en los acantilados que el viento absuelve y corta.

Es la hora metalúrgica que incendia el horizonte
donde canta el futuro su canción giratoria,
la luz germinativa que brota en el salitre,
la luz mojada y lenta
que trepa por las copas sangrantes de los pinos
y se duerme en las barcas que mecen las mareas.

Cuadernas y cuadrantes, estrellas y astrolabios
son la lengua extranjera con que nos habla el tiempo
con sílabas de agua y arena indiferente
en las tardes de otoño y en su color de uva.

Es el vacío vertebral del mundo
en la hora más incierta del paisaje,
el vaticinio oscuro de la cólera,
en la obstinada ola,
en la lluvia cansada de los puertos
y en el oscuro viento boreal del planeta.

(De Reloj de sombra. Guadalturia. Sevilla, 2016)


20 septiembre 2016

Román Gubern. Historia del cine



19 septiembre 2016

Las grandes ciudades y la vida intelectual



La actitud mental de los habitantes de la gran ciudad ante sus semejantes puede calificarse formalmente de reservada. Si el contacto externo incesante con innumerables personas tuviese que encontrar respuesta en una cantidad igual de reacciones internas, como ocurre en la pequeña ciudad, en la cual casi todos se conocen y mantienen una relación positiva, uno terminaría por atomizarse interiormente del todo y caería en un estado psicológico inimaginable. Es en parte esta circunstancia psicológica, y en parte la desconfianza que tenemos derecho a sentir ante los elementos tan variados y pasajeros de la gran ciudad, lo que nos obliga a mantener esa reserva, como consecuencia de la cual a menudo ni siquiera conocemos de vista a vecinos con los que hemos convivido años, conducta que a los habitantes de la pequeña ciudad les parece con frecuencia fría y huraño. 

Es un fragmento de Las grandes ciudades y la vida intelectual, de Georg Simmel, que publica Hermida Editores con traducción de J. Rafael Hernández Arias y un amplio estudio introductorio de Micaela Cuesta. 

18 septiembre 2016

Un texto de El desapercibido



RECORDATORIO


En días ventosos no soporto cómo ulula el viento en las ventanas cuando, mal cerradas, queda en ellas una rendija. Corro a cerrarlas bien para que se silencie esa voz oscurísima. Esta conducta del viento en nuestra propia casa hace un recordatorio indefinido y a la vez muy preciso de todo lo que no queremos en nosotros y, no obstante, nos acecha. Casa invadida por el viento, mala cosa. Porque viento no somos. Seremos.

Es uno de los textos en prosa que forman parte de El desapercibido, el libro con el que Antonio Cabrera obtuvo el XXII Premio Literario Café Bretón & Bodegas Olarra. 

Lo publica Pepitas de Calabaza y es una nueva muestra, al margen de las prescripciones genéricas, de esa peculiar mirada reflexiva sobre la que Antonio Cabrera ha construido su obra poética.

17 septiembre 2016

Don Quijote en el arte y pensamiento de Occidente


16 septiembre 2016

Motivos visuales del cine


15 septiembre 2016

Biblioteca Roberto Bolaño en Alfaguara



Con la publicación de la póstuma y monumental 2666 y Los detectives salvajes y su realismo visceral, Alfaguara inaugura la Biblioteca Roberto Bolaño, en la que se recogerá la obra completa del escritor chileno, incluidos tres inéditos: la novela El espíritu de la ciencia ficción, un libro de cuentos y otro de poesía que formará parte del volumen que recopilará la totalidad de su poesía.

14 septiembre 2016

Antonio Cabrera. Corteza de abedul


13 septiembre 2016

Las máscaras de Rilke



Fue un manirroto exquisito e irresponsable. Cuando acababa completamente arruinado jugaba a la lotería y se encomendaba a la princesa romántica, la más rica. Lo aterraba la visión de la inmundicia y de los hospicios y los hospitales, lo angustiaba verse un día mísero y enfermo –y loco–. La fiebre, la migraña, el dolor de garganta, las llagas en la boca, las crisis asténicas, las lágrimas, el sueño, el sueño que lo vencía a mediodía, malvivía inmerso en la exasperación y la neurosis y el sueño, tenía la sangre lenta, la nutría con Phytinum liquidum y con soporíferos y severísimos e inútiles regímenes vegetarianos. Miseria cría miseria. Un simpático biógrafo dice que la enfermedad fue su primera y principal profesión. La enfermedad le servía para zafarse de compromisos, de parientes, amigos, amantes, de todo el mundo excepto de los banqueros y las princesas, riquísimas, que le pagaban los balnearios, carísimos, los viajes, el alquiler, la escuela de su hija.

La riqueza le interesaba y no le interesaba. Y la nobleza, la veneraba, para él la práctica de la poesía era una transfusión de sangre azul. Pretendía, así, ennoblecer su destino, de poeta. 

Fue un niño desgraciado, hijo único, delgado, y muy nervioso, se consumía encerrado a solas en un piso triste. Su infancia no fue una infancia vivida sino soñada. En un retrato, es una criatura de cuatro años, viste falda, faralaes y cintas, a su lado hay un perrito faldero, dulce. Él decía que se adentraba en aquel perrito, es el niño solitario y enfermizo que vive enterrado en las bestias y en las cosas. 

Amar a una mujer era escribirle cartas y más cartas y enviarle ramos y más ramos de rosas. Nadie ha escrito tantas cartas sobre la poesía y la vida y sobre el amor y la rosa y tantos inocuos cantos de amor, de antes del amor, como Rainer Maria Rilke. Fue rico en promesas. Y tal vez fuera el amante más fraudulento, acorazado tras la mentira del amor «heroico» de la mujer, el amor no posesivo /.../ Seguía por las calles a las mujeres bonitas con un ramo de rosas blancas en las manos, tierno y tembloroso como una hoja joven, y ellas reían, sabían que aquel hombre era el poeta Rainer Maria Rilke y que era dulce e indefenso, como un perrito sin collar, y se hacían amigas suyas, amigas blancas. Ahora publican que todas lo veneraban; las mataba a todas, a las telefonistas de los hoteles, a las pintoras, a las actrices más bonitas, a las baronesas más picantes. Sólo una mujer sufrida y con carencias, como su esposa, Clara, o desesperada e histérica, como madame Albert o madame Klossowska, o una tuberculosa ucraniana que erraba por el mundo sin un céntimo en el bolsillo, o la veneciana más ingenua podían desear y podían soportar a este hombre caprichoso y volátil, deprimente y huraño, tacaño y vil. Lou Andreas-Salomé y Magda von Hattingberg se libraron de él a la primera ocasión.

Él siempre está enamorado, inciertamente, prudentemente, puramente, de una y otra y luego de otra y otra más. 

Pensaba en lo que dijo de él Robert Walser: que es el poeta de las solteronas y de las princesas de cabellos canos, es el poeta pobre del cuento de Walser que es acogido por una gran dama y la dama le dice –Te amo como a un hijo– y él huye, él es el hijo pródigo. 


Son algunos de los párrafos de Perro. Vida de Rainer María Rilke, el intenso y desmitificador acercamiento de Albert Roig a la personalidad del autor de las Elegías de Duino, que acaba de publicar Galaxia Gutenberg con traducción de Antoni Cardona Castellà. 

A muchos les parecerá demoledora, pero es una biografía imprescindible, porque maneja con rigor una enorme cantidad de documentación literaria, epistolar y gráfica y traza un retrato verosímil de la personalidad compleja que se ocultaba tras la máscara de una leyenda que Rilke estuvo construyendo a lo largo de su vida.

12 septiembre 2016

Octavio Paz. Los pasos contados


11 septiembre 2016

El Bosco. Un oscuro presentimiento


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