26 agosto 2016

Pound por Capote


Un lluvioso día de abril de 1958, Pound, ya un viejo de setenta y dos años, con su otrora centelleante barba de color ceniza y su rostro de santo y sátiro marcado por arrugas que narraban una historia de pesadumbres, se puso de pie en Washington frente a un juez, un tal Bolitha J. Laws, y oyó que se le declaraba «loco incurable». Incurable, pero lo suficientemente «inofensivo» para quedar en libertad. Y entonces Pound anunció: «Cualquier hombre que soporte vivir en Estados Unidos está loco», y se preparó para irse a Italia.
Unos días antes de partir le hicieron fotografías. Mantenía cerrados los ojos arrogantes y burlones mientras cantaba trozos de canciones sin sentido y se paseaba como si todavía estuviera encerrado en su jaula pisana; o, más bien, en una jaula que había llegado a ser la propia vida.

Truman Capote.
Retratos.
Traducción de Mauricio Bach,
Francesc Roca y Benito Gómez Ibáñez

Anagrama. Barcelona, 2006

25 agosto 2016

Coetzee. Las manos de los maestros


24 agosto 2016

Galdós. Correspondencia


23 agosto 2016

El arte de birlibirloque



Hay dos clases de toreros solamente, como dos clases de artistas y de hombres, en general: los que van a buscar al toro, y los que esperan a que el toro les venga a buscar. El torero que va a buscar al toro, lo hace por ignorancia y por miedo: por ignorancia porque no sabe situarse, colocarse en su sitio, que es donde el toro le tiene que encontrar: la suerte; por miedo, porque quiere saber a qué atenerse, sin riesgo de azar, y ganarle al toro, ventajosamente, por la mano: la trampa. El mal torero, como todo artista malo, confunde el arte con la estrategia: la exactitud, con la oportunidad. 
– Pies, ¿para qué os quiero? 
– ¿Pues para qué nos vas a querer? Para torear.
Si el torero se quita saliendo por pies, como aconseja Pepe-Illo, cuando el toro llega y él no está en suerte, hace perfectamente: lo mismo hace el toro. 

José Bergamín.
El arte de birlibirloque. 
Renacimiento. Sevilla, 2016.

22 agosto 2016

Un inmenso y difícil poema



“Escribir poesía significa adquirir el conocimiento a través de la forma. A todo nuevo conocimiento sólo se puede acceder mediante nuevas formas. Esto significa, necesariamente, el extrañamiento y alejamiento del público, tal como se lo entiende.” La práctica extrema de esta convicción de Hermann Broch sería La muerte de Virgilio (1945), libro leído equivocadamente como novela, cuando se trata de un inmenso y difícil poema.

Antonio Martínez Sarrión. 
Escaramuzas
Alfaguara. Madrid, 2011.


21 agosto 2016

César Simón. Poesía completa


20 agosto 2016

Manel Gimeno. Flash Back en negro


19 agosto 2016

Harold Bloom. Cómo leer y por qué



La mejor poesía ejerce sobre nosotros una especie de violencia que la prosa de ficción rara vez intenta o consigue. Para los románticos, el trabajo propio de la poesía estribaba en esto: despertarnos del sueño de muerte con un sobresalto para impulsarnos a un sentido más abundante de la vida. No hay motivo mejor para leer y releer los mejores poemas.
Harold Bloom. 
Cómo leer y por qué. 
Traducción de Marcelo Cohen. 
Anagrama. Barcelona, 2000.  

18 agosto 2016

Cambios de sentido



Es mejor no ver las obras literarias como textos con un sentido fijo, sino como bases capaces de generar un elenco completo de significados posibles. No se trata tanto de que contengan significado, sino de que lo generen. Una vez más, esto no equivale a sugerir que todo vale. Puede que haya situaciones en las que «¿Deberé compararte a un día de verano?» signifique «Ráscame un poco más abajo del omóplato, ¿quieres?». Tal vez haya una tribu en la cuenca del Amazonas en cuyo idioma, por una asombrosa coincidencia, los sonidos del verso de Shakespeare correspondan exactamente a los sonidos que emiten cuando le piden a alguien que les rasquen un poco por debajo del omóplato. O tal vez algún tremendo cataclismo en el futuro transforme el idioma inglés de una forma tan radical que cuando alguien nos murmure «¿Deberé compararte a un día de verano?» instantáneamente nos sintamos obligados a rascarle la espalda. No obstante, para nosotros y de momento, ése no es el significado del verso de Shakespeare.


Terry Eagleton. 
Cómo leer literatura.
Traducción de Albert Vitó. 
Península. Barcelona, 2016

17 agosto 2016

Un poema de Marta López Vilar

Mosaico di Orfeo da Cagliari



ORFEO

Entre el vacío y el sueño caminé:
allí donde esperaban un rastro de luz
y un amor perdido que no existe.
Después, solo fui sangre,
canto eterno,
               mudo rostro.

Marta López Vilar. 
En las aguas de octubre.
Bartleby. Madrid, 2016.

16 agosto 2016

Cervantes. Obras Completas


15 agosto 2016

Y se cultivan con esmero los jardines



Sí, que no siempre se está en los templos, no siempre se ocupan los oratorios, no siempre se asiste a los negocios, por calificados que sean: horas hay de recreación, donde el afligido espíritu descanse.

Para este efecto se plantan las alamedas, se buscan las fuentes, se allanan las cuestas y se cultivan con esmero los jardines.

Cervantes.
Novelas ejemplares. 
Prólogo al lector.
Obras Completas.
Edición, introducción y notas
de Juan Carlos Peinado.
Biblioteca Avrea Cátedra. Madrid, 2016.


14 agosto 2016

Xavier Seoane. La dama de las sombras


13 agosto 2016

Últimas tardes con Teresa. Edición conmemorativa


12 agosto 2016

Historia de un deicidio



Escribir novelas es un acto de rebelión contra la realidad, contra Dios, contra la creación de Dios que es la realidad. Es una tentativa de corrección, cambio o abolición de la realidad real, de su sustitución por la realidad ficticia que el novelista crea. Éste es un disidente: crea vida ilusoria, crea mundos verbales porque no acepta la vida y el mundo tal como son (o como cree que son). La raíz de su vocación es un sentimiento de insatisfacción contra la vida; cada novela es un deicidio secreto, un asesinato simbólico de la realidad.
Mario Vargas Llosa.
García Márquez. Historia de un deicidio.
Barral Editores. Barcelona, 1971.


11 agosto 2016

Lichtenberg. Tres aforismos



A lo más a lo que puede llegar un mediocre es a descubrir los errores de quienes lo superan.
*
Hay ineptos entusiastas. Gente muy peligrosa.
*
Ya en la escuela tenía la mala costumbre de pintar barbas en los retratos de los maestros. Ahora hace reseñas célebres.

Georg Christoph Lichtenberg.
Aforismos. 
Selección, traducción y prólogo de Juan Villoro.
Fondo de Cultura Económica. México DF, 2012
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10 agosto 2016

C. P. Cavafis. Poemas


09 agosto 2016

Nell Leyshon. El show de Gary


08 agosto 2016

El viaje perpetuo


Lo que denominamos literatura es la metaforización ilimitada del viaje —limitado— de la vida. No importa que esta proyección metafórica se realice desde un escenario inmóvil ni, tampoco, que su artífice renuncie a todo desplazamiento físico: en todos los casos el escritor viaja bajo el impulso del imprescindible motor de la imaginación. Sin ese motor no existe posibilidad alguna de creación artística. Todos podríamos estar de acuerdo a este respecto. Recordemos, no obstante, que cualquier tentativa de iluminar el significado de la imaginación se ha realizado siempre, obligadamente, en términos viajeros y, más en concreto, recurriendo al contraste entre la realidad empírica, cotidiana, del hombre y «otra realidad» cruzada por infinitud de trayectos que conducen a todas partes y, simultáneamente, a ninguna. Imaginar es recorrer, a la deriva, algunos de esos trayectos. Escribir es tratar de superar la deriva tras la ilusión de un rumbo.
No puede extrañar, por tanto, que nuestra herencia y nuestra conciencia literarias se enrosquen alrededor de un perpetuo viaje. Homero emprendió el viaje con Ulises, Apolonio con Jasón, Virgilio con Eneas. Dante, más explícito, viajó él mismo por el infierno, el purgatorio y el cielo mientras caía en el profundo sueño del Viernes Santo de 1300. Paralelamente muchos otros escritores alimentaban otros rumbos y después, con el transcurrir de los siglos, los renovados esfuerzos de renovados navegantes se topaban, por enésima vez, con las estelas que Homero, Apolonio, Virgilio o Dante habían dejado tras de sí. Nosotros aún oímos el canto de las sirenas, buscamos el vellocino de oro o nos estremecemos con el lamento de los condenados. La literatura es un único viaje al que retornamos constantemente, no para alcanzar un determinado país sino para atesorar miles de mapas de un país inexistente.

 Rafael Argullol.
Maldita perfección.
Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza.
Acantilado. Barcelona, 2013



07 agosto 2016

Balzac. La Comedia humana


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